miércoles, 05 de agosto de 2020 
 
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CONVERSACIÓN CON EL ARQ. ENRIQUE BORREGO
“Un proyecto es bueno cuando ves el dibujo y no hay nada que explicar”

[26/06/2012 | 07:56] El Colegio de Arquitectos de la Provincia de Entre Ríos está en plena organización de un nuevo concurso provincial mediante el cual, en el marco de una política de promoción de la profesión, y por iniciativa del Estado entrerriano, se postulan anteproyectos para edificios públicos | En este caso, la instancia que se convocará en el segundo semestre del año habrá de resolver un nuevo edificio para la Terminal de Ómnibus de Chajarí e ideas para el sector urbano circundante | En conversación con el Suplemento Espacios, el arquitecto que se desempeña como asesor de este concurso, Enrique Borrego, hizo referencia a su rol, a la importancia de realizar concursos y las premisas a tener en cuenta por los profesionales al momento de participar.



ESPACIOS: Preguntando del lado de los que no están vinculados a la arquitectura, ¿cuál es el rol que cumple un asesor en este tipo de concursos?

Borrego: La gente que no está en el tema siempre pregunta para qué está el asesor. Me pasó hace poco con un periodista de Concepción del Uruguay que me preguntó cómo estaba el tema del Concurso de la Ex Usina, del cual yo fui asesor, porque todavía no terminan de entender.
En términos generales el asesor es el que organiza toda la información y le da una forma entendible para que los participantes tengan eso como base y puedan desarrollar cada uno su propuesta con las mismas reglas de juego. Esa información son las normas que deberán cumplir para sumarse en igualdad de condiciones.

E: En otras palabras, es organizar la demanda concreta de quien va a ejecutar la obra …

B: Claro, en la base de un concurso está lo mínimo necesario para que aquel que participa cumpla con los requisitos de la demanda, especialmente del que se denomina el promotor, que es quien te dice qué necesita, de qué tamaño y cuánta plata tiene para gastar. El cliente, en este caso el Estado, pide varias propuestas y elegirá no necesariamente lo que uno puede considerar la mejor, sino la más adecuada, la que cumple con los requerimientos.

E: Frente a esa base común, de todos modos uno se encuentra con propuestas muy diferentes, aún cuando partieron del mismo lugar …

B: Eso es lo rico de un concurso, la oferta. El promotor sabe por supuesto que es un concurso y que se elije la propuesta más adecuada. Pero por ahí la gente que está fuera del tema, y va a una muestra donde están los trabajos, se sorprende por la cantidad de interpretaciones que tiene un mismo pedido. De eso se trata, de cómo quince grupos de profesionales piensan el mismo tema de quince maneras distintas.

E: ¿Es por eso que desde el Colegio se insiste en que buena parte de la obra pública se realice a través de concursos?

B: Sí, es una expectativa de mucho tiempo, no sólo en Entre Ríos. Porque en todas las provincias generalmente la obra pública sale de oficinas públicas.

E: Las áreas de arquitectura tienen la suficiente experiencia para hacer proyectos y obras de buena calidad. ¿Qué es lo que se pierde o que sólo se logra con el concurso?

B: Obviamente que los departamentos técnicos de las oficinas públicas tienen gente adecuada, inclusive en determinados proyectos son los más indicados para hacerlos. Por ejemplo, sería difícil pensar un concurso para hacer una autopista, porque hay que tener un conocimiento técnico específico que pocos lo tienen. Pero en casos como una terminal, edificios de servicio como hospitales, centros cívicos, son muy específicos y accesibles como programas, no son complejos y a la vez en cada ciudad pueden ser distintos porque tienen circulaciones distintas. Lo que el Estado tiene es un modelo para cada cosa. Recorres la provincia y todas las escuelas o centros de salud son iguales. Y quizás para eso funcione así, con moldes. Pero en otros casos no. Entonces lo que hace el concurso no es descubrir algo, pero sí con el proyecto ganador se responde al programa con algo que a veces sorprende.

E: En el caso puntual de una nueva terminal de Chajarí, ¿cuáles son los aspectos principales que marca el promotor para que los concursantes tengan en cuenta?

B: Todavía estoy en la etapa donde me estoy juntando con esa información, pero el hecho de ser de Concordia y estar cerca, hace que ya conozca la ciudad. Lógicamente es una ciudad que por la dinámica que tiene y el crecimiento que ha experimentado, necesita una terminal nueva, más grande de la que tiene actualmente y en un lugar donde contemple ese crecimiento. La terminal actual cumplió su rol y aún lo cumple. Pero lo que busca el promotor es adecuar la ciudad al futuro. Porque cuando se hace un edificio público no se lo puede renovar cada dos años, hay que pensarlo bien para que dure y que la ubicación sea la adecuada. Por los números que se están manejando inicialmente, creo que va a ser una terminal con una larga vida útil. Y probablemente genere un proceso de renovación en la zona donde estará ubicada.

E: Procesos similares se han venido dando en los últimos años en muchas ciudades entrerrianas, que han necesitado reubicar o ampliar sus terminales de ómnibus, como Gualeguay, Villaguay, Victoria …

B: Está pasando con las terminales de ómnibus lo que pasó con las terminales de trenes. Cuando las estaciones de ferrocarril se hicieron, estaban en el borde de las ciudades y ahora quedaron adentro. El tema de que el tren esté no desaparecido pero sí disminuido en su uso, no le quita importancia a esto. Y las terminales de ómnibus estaban pensadas como un complemento del tren, y ahora el sistema público casi al 100% es por ómnibus. Y a eso le sumas que están dentro de la ciudad. Por eso, lo que se observa es que las nuevas terminales se están haciendo en la periferia y la vieja queda para minibuses o colectivos de corta y media distancia. No desaparecen, sino que se separan y se complementan. Lo interesante de un edificio público como lo es la terminal, es que si se puede elegir el lugar, se pueden desarrollar otros aspectos de la ciudad, porque es algo que te cambia el entorno inmediatamente. Sólo hay que fijarse en todo lo que sucede alrededor de una terminal, comercios, kiosquitos, boliches, hospedajes. Hay que proveer servicios para la gente que llega, la que se va, la que transita, para las necesidades inmediatas como tomar un café para hacer tiempo o quedarse a dormir hasta el otro día. Como todo eso inevitablemente va a suceder, en este concurso de Chajarí se incluyó no sólo el edificio sino la zona circundante, lo cual implica pensar la implantación del mismo como un elemento que va a movilizar todo el entorno. Sería una lástima no aprovechar la oportunidad para proyectar un ordenamiento de lo que uno sabe que va a suceder.

Para finalizar, Borrego deja algunas apreciaciones sobre la relación de muchos profesionales con los concursos y consideraciones para tener en cuenta.

“Generalmente, después del fallo de un concurso el único que está contento es el que gana. Pero creo que si uno no tuvo la suerte de ganar, tiene que aprender del ganador. Está en cada uno. El solo hecho de participar en un concurso te da una gimnasia para hacer anteproyectos o proyectos de algo que en la vida profesional y de modo habitual no haces. Probablemente nunca en tu vida te toque hacer una terminal o un centro cívico como encargo directo. Entonces te obliga a pensar un tema por fuera de lo de todos los días, que es la casita, la reforma. Y la posibilidad de generar un trabajo. Los arquitectos más experimentados lo piensan como un trabajo, porque la gloria o la letra de molde ya no la quieren, eso queda para los que recién empiezan”, sentencia.

Y concluye: “Es fundamental ir a las exposiciones, mirar el primer premio de arriba a abajo, darlo vuelta y ver qué tiene ese trabajo que no tuvo el mío, de qué se dio cuenta y yo no. A veces un ganador es el que sabe leer entrelíneas en las bases, y aprovecha lo que no está dicho pero no contradice las reglas, y eso es lo que suma, lo que lo distingue. Son las zonas grises donde hay algo que no se pide pero tampoco se impide. Y eso los jurados suelen destacarlo. Un buen proyecto es cuando vos ves el dibujo y no lo tienen que explicar, lo miras y está todo dicho. La convocatoria es un reflejo de las bases. Si hay participación es porque las bases están claras, concisas, y pueden generar interés y convencer a los colegas a que concursen, más allá del premio”.

|| Fuente: (CAPER)




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